Soñar Cubano

  • Published by Rio Grande Review, Fall 2010
  • Era el tercer día que los miraba desayunar. ¡Qué ricos se veían! Él con esos jerséis de cuello en varios tonos – debía tener uno para cada día, aunque no sé cómo haría para lavarlos, no los había visto en la lavandería-; y ella con esas finas pulsericas y colgantes, tan bonitos le quedaban en esa feis blanca, tan delicada parecía ella, debía usar buen jabón.

    Pero si parecían un par de culicagaos esperando que los saquen a pasear. Mira cómo comen de rápido, se decía de brazos cruzados encima del delantal: ni siquiera le sienten el sabor a la papaya, al pan con timba, a las flautitas que con tanto gusto les preparamos temprano a la mañana junto al resto de las compañeras, no parece importarles lo que se les pone delante; y esa cámara fotográfica marca Canon siempre apoyada en la mesa, como una invitada más. Qué imágenes contendrá esa cámara. Qué les gustará fotografiar de aquí.

    Se veían tan monos, tan felices los dos juntos, tan jóvenes, ¿estarán de luna de miel? De allí seguramente se irían al Museo de la Revolución – si es que no fueron ya – o a pasear por el Prado. Si no al Vedado. Y después de eso querrán descansar sus piecicos y recargar sus baterías en algún paladar de esos buenos para turistas solamente que ofrecen langosta y caimán, esos platos tan sabrosos que sabemos preparar tan bien en Cuba; o de lo contrario pararían a tomarse un mojito o daiquirí en algún barcico y pagarían tonga de fula por aquellas bebidas lavadas que tanto gustan a los turistas cuando vienen pa’ca’ pero que los cubanos apenas probamos. Había oído decir que en otras partes se consideraba a estos drinquis parte de la auténtica tradición cubana, y que estaba indicado así en todos los libros del turista, junto al cigarro, la rumba y Fidel. Pero ella no lo creía cierto. Al fin y al cabo, fue un gringo el que los volvió tan famosos, aquel escritor Hemingway. Jamás había leído un libro suyo, pero decían que eran buenos. Algunos hasta estaban ambientados en la isla, parece. Así al menos le dijeron.(…)

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